Durante siglos, las parejas se han comprometido antes de la boda. Este compromiso comienza, de qué otra manera podría ser, con una propuesta de matrimonio. Cómo de mágico es el momento, depende por completo de la imaginación del hombre. Algunos van muy lejos, mientras que otros son más sobrios, pero aún así es el hombre quién tiene que arrodillarse, con el anillo de compromiso de diamantes en su mano, mientras dice: ¿Quieres casarte conmigo?. Pero, ¿por qué los hombres se arrodillan? Bueno, hay algunas explicaciones lógicas para esto.

Lo que precedió ...

Tiempo atrás, las propuestas de matrimonio no eran realmente románticas. Las mujeres casi no tenían derechos y en ocasiones eran vistas como propiedad de los hombres. El matrimonio se consideraba una transacción comercial. Afortunadamente los tiempos han cambiado. Cada vez son más románticas, y hay pedidas de mano muy originales. A principios del siglo pasado, los hombres comenzaron a poner un anillo de compromiso de diamantes en el dedo anular de su pareja, como un signo de amor y fidelidad. Esto nos lleva a la propuesta de matrimonio como la conocemos hoy en día: arrodillarse mientras se sostiene el anillo de compromiso en una mano.

Arrodillarse

Cuando el hombre se arrodilla durante la pedida de mano, es una señal de respeto, de honor y de fe completa. ¡Muy romántico! Además, también es muy práctico: estás a la misma altura que la mano de la futura novia, y ella tendrá una mejor visión del anillo de compromiso, además de que el diamante reflejará la luz mucho mejor.

Las mujeres todavía esperan que su pareja se arrodille, y lo aprecian, pero no siempre ocurre. Las propuestas de matrimonio son cada vez más originales, lo que hace que a veces sea difícil arrodillarse. Imagínate una pedida de mano mientras practicáis puenting, o durante un salto en paracaídas. No importa lo mucho que lo quiera la novia, arrodillarse será bastante difícil.

Cómo será la pedida de mano es algo totalmente tuyo, pero BAUNAT te puede ayudar a elegir el anillo de compromiso de diamantes perfecto.

Share on:
GERD VAN DE VEL