2. Escisión y aserrado
Tras la planificación, el tallador procede a cortar el diamante, siguiendo cuidadosamente las líneas de fractura naturales. Este paso es crítico, ya que un corte incorrecto puede afectar la integridad de la piedra. El corte se realiza generalmente con sierra mecánica o láser de alta precisión.
3. Desbastado (Bruting)
En esta etapa, el diamante se redondea o se moldea según la forma elegida, facilitando el facetado posterior. Aquí, dos diamantes pueden pulirse uno contra otro o se utiliza un láser para conseguir bordes precisos y suaves.
4. Facetado
El facetado otorga al diamante su brillo inconfundible. Las caras o facetas se cortan y pulen siguiendo patrones matemáticos exactos para optimizar el paso de la luz. Los tres factores clave evaluados durante el facetado son:
- Brillo: reflexión de la luz blanca.
- Fuego: destellos de color creados por la dispersión de la luz.
- Centelleo: destellos luminosos que aparecen cuando el diamante se mueve.
5. Pulido
El pulido final define la perfección de cada faceta y asegura el máximo resplandor. Este paso requiere mano experta y atención al más mínimo detalle.
6. Evaluación de la talla
El diamante se somete a una rigurosa evaluación en
laboratorios como GIA, donde se determina la calidad de la talla con tecnología anti-vibración y aumentos significativos. Las clasificaciones más habituales para la talla son:
- Triple Excellent/Triple Excelente: máximo grado de reflexión de la luz.
- Excellent/Excelente: refleja casi toda la luz.
- Very Good/Muy buena: refleja mucha luz y representa una opción más económica.
- Good/Buena: refleja una cantidad razonable de luz.
- Fair/Regular: brillo aceptable.
- Poor/Deficiente: poca reflexión.