Los collares, en su forma más básica, se remontan a la prehistoria. En esta época, se fabricaban con madera, piedras, huesos y conchas, y se utilizaban como forma de decoración.
En cuanto a los diamantes, Alejandro Magno fue el primero en traerlos de la India a Europa en el año 327 antes de Cristo. Sin embargo, no se utilizaron por primera vez en joyería hasta el año 1047. Como aún no se había inventado la talla de diamantes, los joyeros sólo utilizaban diamantes enteros y naturales y, sorprendentemente, muchos se desechaban si eran imperfectos.
Cuando se inventó la talla en punta en el siglo XIV, los diamantes pudieron ser tallados en diversas formas, y el uso de los diamantes en joyería evolucionó completamente. En 1477, el archiduque Maximiliano de Austria regaló el primer anillo de compromiso de diamantes a María de Borgoña.
En cuanto a los collares de diamantes, se usaron por primera vez en la Antigua Roma. Durante la Edad Media, los diamantes se añadían a menudo a los collares, ya que se creía que tenían propiedades medicinales. En la época medieval y en el Renacimiento, tanto los hombres como las mujeres llevaban collares de diamantes, gracias a los escotes de la moda de la época. En el siglo XVII, se favorecieron estilos más delicados y sutiles, como la gargantilla. En el siglo XVIII, l
os colgantes de diamantes se hicieron muy populares. Por último, en la era moderna, existen muchos estilos que se adaptan a los gustos individuales de cada uno.